En el español general no aparece el término roque con el significado que se le da en Canarias (el DRAE sólo recoge las acepciones: 1. Torre del ajedrez; 2. Carro de dos ruedas con lanza o varas; y 3. Quedarse dormido), pues en las Islas es “peñasco que se levanta en la tierra o en el mar” (según Marcial Morera Pérez nuestro roque deriva del francés rocce, introducido en las Islas por los normandos acompañantes del conquistador Jean de Bethencourt, o por marineros posteriores). Hay que destacar que cuando se encuentran en la mar se les denomina únicamente roque a aquellos que siempre tienen partes fuera del agua, reservándose para los que con la marea llena quedan sumergidos la voz "baja".
Debido a la antigüedad y al desgaste erosivo que ha sufrido el macizo de Anaga, este territorio muestra una infinidad de estas formaciones rocosas desde las cumbres más altas hasta las costas. Existen roques con leyendas asociadas (como el de las Ánimas en Taganana), algunos son auténticos símbolos de un pueblo (como el de Taborno, Roque Negro o el Roque de las Bodegas), otros son muy famosos desde tiempos antiguos (Los Roques de Anaga --símbolos a su vez de todo el macizo--, el Roque Bermejo,…), asimismo muchos de los roques anagueros conservan aún hoy el nombre que les dieran los primeros pobladores del macizo, los guanches, conservándose los topónimos en el saber popular (Aguacada, Anambro, Chiguel, Chamaso, Anjua, Yal, etc.).
Como se puede ver, los roques forman una parte importante del paisaje y de la cultura popular anaguera.
En la fotografía, tomada desde el Lomo de Almáciga el 5 de enero de 2009, podemos ver una panorámica que nos muestra una sucesión en diferentes planos de muchos roques anagueros (de izquierda a derecha: Roque de Enmedio, Roque del Tablero, Roque de las Ánimas y, en la misma línea, el Roque Taborno y el Roque Marrubial).
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