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1 de diciembre de 2010

Foto del Mes: "La tierra de los mil roques (Final)"

Durante este año 2010 hemos ido visitando algunos de los incontables roques que dan forma al paisaje del macizo de Anaga.

Quedan sin embargo por describir muchísimos más, pero a partir de enero volveremos a incluir, además de roques, diferentes paisajes del macizo.

Estos son los roques que han protagonizado los meses de este año:

Así como una entrada dedicada a las bajas.

En la fotografía que cierra esta etapa podemos ver tanto roques como bajas en la costa del Arco de Taganana. En primer término vemos los roques de Benijo (Roque de Benijo y de la Rapadura); detrás en la costa las bajas de Almáciga; sobre este caserío despuntan el voluminoso Roque de Enmedio y el agudo Roque de las Ánimas; más allá, sobre el contrafuerte que cierra el Arco, los riscos del Fraile y la Monja, el Cabezo del Tablero y el Roque Marrubial; justo después asoman el Roque Taborno y el Cabezo de Tenejías, con los riscos del Guincho y la Monja en la punta costera de la estribación.

La fotografía fue tomada desde la pista de Benijo-El Draguillo el 13 de noviembre de este año.

1 de noviembre de 2010

Foto del Mes: "El guardián de Afur"

Alzándose casi en mitad de los altos del Valle de Afur se encuentra este impresionante murallón de piedra, es el Roque Negro.

Este roque de más de 400 metros de longitud y 740 de altura sobre el nivel del mar, es un pitón fonolítico de tonos claros, pero cuyas piedras han sido oscurecidas por las “aguadas”, esto es, por el “mujo” de color negro que se forma en lugares por donde discurre el agua.

Al pie de esta muralla natural se encuentra un pequeño caserío que toma su nombre del roque.

En cuanto a la vegetación, la parte posterior y superior del Roque Negro se encuentra cubierta por un espeso Monteverde, mientras que su cara norte, al ser más vertical, se caracteriza por la vegetación rupícola.

Su inaccesibilidad ha favorecido, como en otros roques del macizo, el que especies raras tengan en sus riscos uno de sus últimos refugios. Aquí se pueden encontrar la única población conocida en Anaga (y segunda de Tenerife) de tabaiba de monte amarilla (Euphorbia bourgeauana), así como la escasa esparraguera de monte (Asparagus fallax) o la retama tagananera (Teline pallida).

La fotografía está tomada desde el Lomo Henchirés el 26 de junio de 2010.

1 de octubre de 2010

Foto del Mes: "La Fortaleza de Anaga"

Elevándose sobre los valles de Valleseco y Valle Grande se halla este impresionante roque que, con justicia, lleva el nombre de La Fortaleza.

Con cerca de 760 m de altitud, este roque constituye un ejemplo del poder de la erosión. Compuesto por rocas basálticas, la Fortaleza posee unas laderas abruptas, siendo auténticas fugas por su cara norte.

Según algunos autores, su nombre también alude a que fue refugio de los guanches alzados que intentaron sobrevivir con sus viejas costumbres después de la conquista. Juan Bethencourt Alfonso nos deja incluso su nombre aborigen: Diios o Diyos.

Aunque actualmente su vegetación se encuentra bastante degradada debido al sobrepastoreo y las actividades agrícolas, componiéndose de matorrales de sustitución de inciensos y tuneras, en otro tiempo debió contar con comunidades termófilas de sabinas. No obstante, los riscos de este roque aún son refugio para especies como el perejil de risco (Pimpinella anagodendron).

1 de septiembre de 2010

Foto del Mes: "Las Bajas"

Un tipo de roque que abunda en la geografía de Anaga es la baja.

Maximiliano Trapero, en su obra “Diccionario de toponimia canaria: léxico de referencia oronímica”, nos dice sobre este accidente marino:

«Las bajas son peñascos que sobresalen en el mar, siendo visibles sólo en marea baja (…). No están unidas a tierra —son peñascos aislados y de superficie plana. No cabe confundir la baja con el roque, pues este, aunque esté en el mar, es un escollo eminente que nunca es cubierto totalmente por la marea, y por lo tanto es siempre visible».

Las bajas anagueras son más comunes en la Banda de Taganana, desde la Punta del Hidalgo hasta la de Anaga. En la Banda Sur son abundantes a partir de Antequera.

Entre las más conocidas están el grupo de Los Galiones, frente a Almáciga; la Baja de la Palometa, tercero de los Roques de Anaga; la Baja de las Dos Hermanas, en Las Palmas de Anaga; la Baja Santiago, en Benijo, que se cree la parte visible más antigua de Tenerife; las Bajas de Salazar y la Baja de Las Nieves, frente a Taganana, las primeras una especie de escollera natural, la segunda, de resonancias legendarias; etc.

En la fotografía, tomada desde la carretera del Roque el 22 de mayo de 2010, podemos ver el grupo de Los Galiones junto al Roque de las Bodegas. Estas bajas son: la Baja Grande, La Cocina, La Ballena, La Loca, El Morillo, La Atravesada, el Galeón Chico y el Galeón Grande, la Baja Negra, El Mujiento y la Baja del Tagoro.

1 de julio de 2010

Foto del Mes: "El roque de un tal Juan"

El Roque de Juan Bai (o Báez) se sitúa entre la Punta de Antequera y la playa de Ijuana.

Se trata de un roque del tipo cumulodomo de crecimiento endógeno, de rocas fonolíticas en su mayor parte. Tiene una altura de 246 metros, que se alzan desde la propia costa componiendo un acantilado.

En sus laderas se encuentran algunos de los endemismos más raros del macizo, como el tomillo de Juan Bai (Micromeria rivas-martinezii) o el cabezón de Taganana (Cheirolophus tagananensis), y otras especies endémicas como el cagajón (Pterocephalus virens), el palomino (Echium simplex) o la magarza (Lugoa revoluta). Alguna sabina (Juniperus turbinata) crece también entre sus riscos más elevados, acompañada por retamones (Teline canariensis), así como los corregüelones (Convolvulus fruticulosus). La zona baja del roque presenta una ladera de tierra suelta colonizada por especies halófilas, como lechugas de mar (Astydamia latifolia), siemprevivas (Limonium pectinatum), salados (Schizogyne sericea) y perejiles de mar (Crithmum maritimum).

Su nombre proviene de que Juan Báez (conquistador de la isla), debió ser el dueño de esta parte del macizo (sigo investigando...).

La fotografía fue sacada el 15 de agosto de 2008 desde un barco.

1 de junio de 2010

Foto del Mes: "El roque del fin del mundo"

Situado en el extremo habitado más occidental de la isla de Tenerife, el Corcovado o Roque Bermejo es, con todo derecho, el roque del fin del mundo.

Se trata de un gran roque costero de 41 metros de altura, unido a tierra por una baja que queda casi cubierta por la marea llena. Es un roque de tosca colorada (parte de las coladas basálticas alteradas por la erosión tan comunes en Anaga), lo que le valió el apelativo de Roque o Risco Bermejo, que ahora da nombre al caserío circundante. Por su forma, que figura una peta o joroba, se le denomina también El Corcovado.

Florísticamente muy pobre, debido a la proximidad al mar y al escaso suelo que posee, sí presenta ejemplares típicos de la flora halófilan de riscos, como son las lechugas de mar (Astydamia latifolia), siemprevivas (Limonium pectinuatum) o tomillos marinos (Frankenia ericifolia).

Como dato curioso, existe un charco en su parte trasera denominado popularmente como “Charco del Amor”, en el que las parejas de los veraneantes de San Andrés iban a estar solas. Con el tiempo, acabó por instalarse la leyenda de que si una mujer quería quedar embarazada, había de ir con su pareja al charco.

1 de mayo de 2010

Foto del Mes: "Axis Mundi"

En el interior del macizo se eleva sobre el terreno circundante uno de tantos roques de Anaga que bien podrían ser considerados como Axis Mundi, ejes del mundo que conectan el cielo con la tierra.

El Roque Taborno, con sus 706 metros, es un roque basáltico con forma de pilar, producto de la erosión de los terrenos de los que formaba parte en un tiempo remoto.

Toma su nombre del caserío próximo, y se encuentra situado en el interfluvial de dos barrancos anagueros muy peculiares. Por un lado, el “cañón” que es el Barranco de Taborno, límite municipal entre Santa Cruz y La Laguna; y por el otro el barranco del Tamadiste, el fabuloso río de Anaga.

En cuanto a su vegetación, las faldas del roque fueron abundantemente aprovechadas como tierras de cultivo, por lo que se encuentran muy antropizadas, con comunidades de inciensal-vinagreral sobretodo. No obstante, en su lado norte encontramos una rica variedad refugiada en las fugas y riscos, con endemismos locales como la siempreviva de Anaga (Limonium macrophyllum), el corazoncillo de risco (Lotus dumetorum) o el palomino (Echium simplex). Algunas “manchas” de brezos (Erica arborea) y algún que otro barbusano (Apollonias barbujana) nos indican que en otro tiempo estos fueron dominios del Monteverde seco.

Este territorio al pie del Roque Taborno estaba ya poblado desde tiempos de los guanches, debido a la abundancia de cuevas en las cercanías y a la presencia de nacientes de agua, así como pastos para el ganado. Según parece, su orografía escabrosa y su relativo aislamiento sirvieron a los guanches alzados como refugio frente a la colonización, de ahí que en épocas anteriores se nombrara al roque como Fortaleza de Taborno. Seguramente este monolito debió figurar en las creencias de nuestros antepasados.

Aunque la mayoría de los estudiosos hacen a la voz Taborno proceder de la lengua guanche (incluso existen paralelos en las lenguas bereberes), hay algunos que lo derivan del apellido Tabordo, personaje de origen majorero que recibió repartimientos en Anaga después de la Conquista.

La foto está tomada desde la Era de los Cardos, el 26 de abril de 2009.

1 de abril de 2010

Foto del Mes: "El Tercer Roque"

El Roque Aderno es una inmensa fortaleza de piedra que podríamos considerar como el tercero de los Roques de Anaga.

En efecto, estos tres roques conservan características similares, destacando su alta erosión, lo que dificulta su clasificación geológica.

El Roque Aderno (en algunos documentos antiguos Adermo o Aderme) se encuentra situado cerrando el valle de Las Palmas por el norte, de ahí que también se le conozca como Roque de Las Palmas.

Visto desde Taganana parece una mole redondeada, pero si lo observamos desde el otro lado, desde el Faro, veremos sus dos agudos picos, el más alto alcanza los 458 metros, y sus laderas de grandes bloques de piedra viva.

Entre las especies vegetales que crecen en él destacan los dragos (Dracaena draco) colgados en los andenes, acompañados por especies de monte como los brezos (Erica arborea) y los propios adernos (Heberdenia excelsa) que le dan nombre. También otras especies más raras, como el cabezón de Taganana (Cheirolophus tagananensis), tienen en las verticales paredes del roque uno de sus últimos refugios.

Es muy posible que este roque, como otros del macizo, tuviese algún significado mágico-religioso para los guanches anagueros, pues en ambas vertientes del roque es posible hallar “cazoletas”, hoyos en la tosca donde los guanches derramaban leche u otro líquido a modo de libaciones.

1 de marzo de 2010

Foto del Mes: "Chiguel, atalaya del sur"

En las estribaciones meridionales del macizo de Anaga, separando los valles de San Andrés y El Bufadero, se alza una mole de piedra fonolítica visible desde kilómetros de distancia: los Roques Chiguel.

Estos dos roques, Chiguel de Arriba y Chiguel de Abajo, dominan esta parte del macizo, alzándose sobre una pequeña mesa y destacando en el paisaje por su forma, que recuerda a una albarda.

El Chiguel de Arriba mide unos 688 m, siendo más estrecho y escarpado, mientras que el de Abajo alcanza los 691 m. Es el más grande, teniendo su cima más aplacerada.

La vista desde estos roques abarca las montañas del suroeste de Anaga hasta el Valle de Güímar, el Teide y las costas desde Santa Cruz hasta Igueste de San Andrés.

En cuanto a la vegetación, estos roques son bastante ricos, presentando una vegetación típicamente termófila. Encontramos un grupo de sabinas (Juniperus turbinata canariensis), junto a algún acebuche (Olea cerasiformis) y brezos (Erica arborea). El estrato herbáceo-arbustivo es más variado, hallándose las magarzas del Chiguel (Argyranthemum sundingii), las beas (Greenovia dodrentalis), perejil de risco (Pimpinella anagodendron), cruzadillas (Hypericum reflexum), apios de risco (Tinguarra cervariaefolia), colinillos (Descurainia millefolia), rejalgaderas (Solanum vespertilio), numerosas y grandes angojas (Sonchus acaulis), leña negras (Rhamnus crenulata) y corazoncillos de risco (Lotus dumetorum). Todo ello entremezclado con gran cantidad de tuneras y malas hierbas.

Entre la fauna, es destaccable que en sus inmediaciones suelen revolotear aguilillas (Buteo buteo) y los escasos cuervos (Corvus corax).

En esta zona existen antiguas huertas ya abandonadas, y según la tradición popular en sus inmediaciones existió un tagoror guanche.

La foto está sacada desde El Mesón, en San Andrés, el 5 de noviembre de 2004.

1 de febrero de 2010

Foto del Mes: "Las Ánimas de Taganana"

Cerrando el Valle de Taganana sobresalen tres imponentes roques, destacando entre ellos el legendario Roque de las Ánimas.

Este impresionante roque del tipo dique-domo, con 375 m de altura, se alonga sobre la costa tagananera como una columna de piedra viva.

Las Ánimas presenta una rica vegetación termófila que sobrevive en los riscos basálticos y entre antiguas tierras de cultivo. En su cara norte conserva viejos ejemplares silvestres de dragos (Dracaena draco) encaramados en los riscos, así como sabinas (Juniperus turbinata subsp. canariensis). También podemos encontrar endemismos locales como el cabezón de Taganana (Cheirolophus tagananensis), la siempreviva de risco (Limonium macrophyllum) o el tomillo de Taganana (Micromeria glomerata).

En cuanto a su denominación popular las leyendas cuentan que le viene por la presencia de extrañas luminarias, almas en pena de guanches o campesinos, que ascendían hacia la cumbre pasando por el roque. La historia, por su parte, nos deja la interpretación de que alude a la cantidad de almas que se llevó el roque entre los orchilleros que ascendían a sus alturas para recolectar el tintóreo líquen.

Sea como sea, lo que es indudable es que el Roque de las Ánimas es uno de los símbolos más característicos del bello pueblo de Taganana y, por extensión, de toda la Comarca de Anaga.

1 de enero de 2010

Foto del Mes: "La tierra de los mil roques (II)"

Aprovecho el título de una entrada anterior sobre los roques; formaciones geológicas que, sin duda alguna, son uno de los atractivos naturales más reseñables de Anaga.

Por ello, y para profundizar más en cada uno de estos gigantes de piedra, este año dedicaré las Fotos del Mes a los roques más singulares o representativos del macizo de Anaga.

En la foto se pueden observar algunos de estos roques que dominan el paisaje del Arco de Taganana, como son los Roques de Anaga, Icoso, Anambro, Chinobre, Las Ánimas y el Marrubial.

La fotografía está sacada desde la Era de los Cardos, al pie del Roque Taborno, y fue hecha el 26 de abril de 2009.

1 de diciembre de 2009

Foto del Mes: "El balcón de Anaga"

Uno de los miradores (o miraderos) más impresionante y completo de Anaga es, sin duda, el de Cabezo del Tejo.

Este balcón natural situado en el extremo nororiental de la dorsal del macizo, se asoma hacia la costa norte desde Benijo hasta la Punta del Hidalgo, mostrándonos las impresionantes cuestas que, desde las cumbres cubiertas de monte, descienden hasta la mar. Destacan los roques de Taganana, los de Anjua, el valle de Benijo y las crestas ruinosas que separan Taganana del Valle de Afur. En la cumbre, los roques Chinobre, de los Pasos, Roque Negro del Pijaral, etc. Por el otro lado, las cumbres del Valle de Chamorga y la gran hoya que es El Draguillo. Alongándose en el horizonte, el Roque de Fuera.

El mirador toma su nombre de la elevación que lo domina, el Cabezo del Tejo, que a su vez nos indica la predominancia de esta especie en la zona, el tejo o flejo (Erica platycodon), especie de brezo endémica. Además, podemos encontrar retamones, laureles, malfuradas, brezos, helechos, y otras especies propias de los claros de monte y de las crestas ventosas.

A Cabezo del Tejo podemos llegar desde varios senderos y desde una pista que, poco a poco, vuelve a ser dominada por el monte. Los caminos parten desde La Ensillada, El Draguillo, Tafada o Chamorga, siendo muy usados y dignos de visitar por los amantes de las caminadas.

1 de noviembre de 2009

Foto del Mes: "El guardián de San Andrés"

Con más de tres siglos a sus maltrechas espaldas, aún se mantiene en pie el mayor guerrero de Anaga, el Castillo de San Andrés.

Para ver ubicación en un mapa pincha aquí

El Castillo (o más correctamente torre, llamado por algunos Castillo Roto) es un símbolo no sólo de este pueblo anaguero, sino de toda la comarca.

El Valle de San Andrés siempre fue, desde antes de la conquista, lugar propicio para arribadas de barcos, lo que lo convirtió en caladero de piratas. Por este motivo se había planteado ya desde 1607 la construcción de una torre defensiva, aunque diversos problemas retrasaron su edificación. Finalmente, a principios del siglo XVIII el Capitán General Agustín de Robles ordenó el levantamiento de la torre para la defensa del valle y para unirse a las fortificaciones que protegían el puerto de Santa Cruz.

La historia del Castillo siempre ha estado ligada al barranco de San Andrés, pues hasta cuatro veces las barrancadas arruinaron la torre hasta que se decidió no volver a repararlo en 1898. Hoy en día luce las heridas de esa última barrancada.

Entre sus hazañas destaca su papel en la batalla contra el Almirante Nelson en 1797. Cuando ya los ingleses se retiraban de Santa Cruz, todavía las noticias de la victoria tinerfeña no habían llegado a San Andrés (debido a las deficientes comunicaciones terrestres de las que ya hablaré en otra entrada). Cuando los barcos ingleses aparecieron a la vista del Castillo, el teniente José Feo ordenó abrir fuego, arruinando el navío extranjero “Teseo” y una fragata.

En 1947 fue declarado Patrimonio Histórico Español, pasando a ser nombrado Bien de Interés Cultural (BIC) en 1995.

La foto fue tomada el 27 de junio de 2008.

1 de octubre de 2009

Foto del Mes: "Otoño en Anaga"


El otoño en Anaga se traduce en un paisaje gris que pronto transformará la seca tierra anaguera en una alfombra de verdor que se intensificará con la llegada del invierno.

El otoño empieza con el tiempo de bonanza, cuando la mar está planchada, es decir, en calma, y el cielo empieza a perder el azul intenso veraniego para ir tomando el color de las nubes que, durante el estío, han ido cargándose de humedad. Las lluvias suelen comenzar en octubre, pero es después de San Andrés 30 de noviembre cuando suelen ser más seguidas e intensas.

La vegetación comienza ya a despuntar los brotes que darán lugar al verdor invernal, recuperando poco a poco las fuerzas perdidas durante los tiempos de calor, mientras algunas especies aprovecharán para echar flores tempranas.

El otoño es una época tranquila en que la vida en Anaga vuelve a reposar tras el ajetreo del verano.

La foto fue tomada el 25 de septiembre de 2009 en la avenida Marítima de San Andrés.

1 de septiembre de 2009

Foto del Mes: El Bailadero de Anaga


Si existe una zona que rebose magia y misterio en las mentes de los anagueros ese es sin duda, El Bailadero.

El Bailadero es una zona montañosa de la cumbre dorsal que separa los valles de San Andrés y Taganana, siendo según el Instituto de Estadística de Canarias una entidad poblacional, si bien son pocas las personas que viven en esta zona. En ella podemos encontrar algunas construcciones y huertas, así como magnificas vistas desde sus miradores, pues podemos ver el contraste entre las dos vertientes de esta parte de Anaga.

Se trata de una zona con alta influencia de la bruma y de los vientos, caracterizada por la presencia de una vegetación de crestas dominada por los tejos Erica platycodon, aunque se encuentra muy antropizada por la carretera y las construcciones. En sus inmediaciones crecen también plantas como las magarzas de monte Argyranthemum broussonetii, bequeques de monte Aeonium cuneatum, corazoncillos de risco Lotus dumetorum, yedras de monte Hedera canariensis y algún que otro anís de risco Bupleurum salicifolium.

El Bailadero se encuentra en un gran cruce de caminos que se suma a su misticismo, pues en él convergen las sendas que desde San Andrés van a Taganana y las que desde La Laguna iban a la Punta de Anaga, ahora convertido en la carretera. Además, se halla sobre el túnel de Taganana, lugar que para muchos es un punto de poder y del que se cuentan algunas leyendas.

Pero sin duda, El Bailadero, o todos los bailaderos canarios, son famosos porque se decía que su nombre provenía de los aquelarres que en ellos practicaban las brujas. En el de Anaga, que es uno de los cuatro que perviven en la geografía del macizo, también se cuentan estas historias de bailes de brujas. En estas historias, las brujas del Bailadero bajaban a la costa luego de acabados sus ritos para bañarse desnudas en el mar.

El otro origen del nombre, que los autores hacen venir del baladero guanche*, también es aplicable a este caso, pues es sabido a través de las fuentes, la tradición y de los hallazgos arqueológicos que esta zona fue frecuentada por los guanches para sus ritos. A este respecto, Luis Diego Cuscoy dice que nuestro Bailadero «...concentraría a toda la población pastoril de la península de Anaga en las épocas de sequía para la celebración de ritos propiciatorios en demanda de lluvia».

La foto fue tomada desde la Peña Friolera el 5 de enero de 2009.


* Fray Alonso de Espinosa, en su obra Historia de Ntra. Sra. de Candelaria, dice de estos lugares: «Mas cuando los temporales no acudían y por falta de agua no había yerba para los ganados, juntaban las ovejas en ciertos lugares que para esto estaban destinados, que llamaban el bailadero de las ovejas, y hincando una vara o lanza en el suelo, apartaban las crías de las ovejas, y hacían estar las madres alrededor de la lanza dando balidos, y con esta ceremonia entendían los naturales que Dios se aplacaba, y oía el balido de las ovejas, y les proveía de temporales».

Más sobre los "bailaderos" canarios en: Bienmesabe, Revista Digital de Cultura Popular Canaria

1 de agosto de 2009

Foto del Mes: "Roque Bermejo, al pie del faro"


Roque Bermejo es el caserío más oriental de la Isla de Tenerife.

Embarcadero de la Punta de Anaga, este pago existe desde los primeros años posteriores a la conquista de la Isla como lugar agrícola y pesquero, conformando estas tierras la llamada Hacienda de Anaga propiedad de la familia Ossuna. Ya en el siglo xx fue cedida al Obispado de Tenerife por uno de sus miembros, el religioso José Ossuna Batista.

Asimismo, el lugar fue importante punto de vigilancia desde el siglo xvi, con la Atalaya de Tafada, y continúa sirviendo con el trabajo desempeñado por el Faro de Anaga, construido hacia la segunda mitad del siglo xix.

Actualmente sirve de lugar de veraneo tranquilo para muchos anagueros, sobre todo vecinos de San Andrés.

En cuanto a su valor natural, Roque Bermejo posee endemismos como el góngano Aeonium tabulaeforme y el bequeque de Anaga Aeonium volkerii, la malvarrisco Lavatera acerifolia, el palomino Echium simplex o la magarza Gonospermum revolutum. Destaca la abundancia de tarajales Tamarix canariensis de gran tamaño, así como algunas palmeras Phoenix canariensis, dragos Dracaena draco y almácigos Pistacia atlantica.

La foto fue sacada en junio de 2007.

1 de julio de 2009

Foto del Mes: "Cuantos nombres tenías entonces..."


Las Teresitas es la playa más importante a nivel turístico del macizo de Anaga, siendo la zona de baño elegida por la mayoría de la población de Santa Cruz de Tenerife.

En esta entrada, y dado lo polémico de esta playa por todos los intereses ocultos y las ilegalidades que rodean su existencia, voy a centrarme en datos de su historia y su descripción actual. Para saber más del “Caso Las Teresitas”, visita www.sanborondon.info.

La actual playa de Las Teresitas descansa sobre las antiguas parcelas de Tras la Arena, Los Moros y Las Teresas, entre otrasde ahí el título de esta entrada, con palabras de la canción Playa de mi infancia del Grupo Folclórico Paiba; parcelas en que los vecinos de San Andrés habían dividido la playa para diferenciar sus distintas partes. La trasera de la playa estaba cubierta de huertas, sobre todo de plataneras, y cerca del final se levantaba el chalé de los duques de Würtemberg, en el lugar donde hoy sólo quedan una pareja de laureles de Indias.

Las Teresas, de donde deriva hoy su popular nombre, se correspondía con la desembocadura del barranco de la Teresa, en el final de la playa.

Estas playas eran de callaos con algo de arena negra, presentando fuertes corrientes, y en realidad se alargaban desde la Punta del Valle hasta la Punta de los Órganos, cubriendo toda la ensenada de San Andrés.

En los años 70 se ideó el transformarla, queriendo desde Santa Cruz aumentar su superficie y cambiarle la cara. Para ello se entulló, se cubrió de arena rubia traída del Sáhara y se protegió con una escollera cerrada, quedando la actual playa de Las Teresitas.

En los últimos años se ha pretendido volver a cambiarla, pero las trabas judiciales provocadas por el mal hacer del Ayuntamiento ha provocado que se encuentre en un estado de cierto abandono.

No obstante, los lagarteros, vecinos de San Andrés, no han olvidado su vieja playa de arena negra, manteniendo el recuerdo nostálgico e inculcándolo en los jóvenes que, como yo, nunca vimos esa importante parte de nuestro pueblo como la naturaleza la hizo sino en fotos.

La fotografía está tomada desde la Montaña del Valle o Cerro de la Atalaya el 20 de noviembre de 2004.

1 de junio de 2009

Foto del Mes: "Verano en Anaga"


El mes de junio da comienzo al período estival, que se traduce en Anaga en un tiempo de sequedad y agotamiento de la tierra.

Las zonas bajas cambian sus galas verdes por los tonos pardo-amarillentos de las gramíneas secas y los grises de los tallos desnudos. Muchas plantas, como medio de adaptación a la sequía, pierden su follaje, como es el caso de las tabaibas Euphorbia sp., tasaigos Rubia fruticosa y granadillos Hypericum canariense; otras reducen su actividad reposando hasta las próximas lluvias, como hacen los bequeques Aeonium sp.; y hay especies que, cumplido su ciclo reproductivo, mueren o duermen hasta que todo vuelva a empezar, como la lechuga de mar Astydamia latifolia o la cebolla salvaje Drimia maritima.

Sin embargo, no todo es sequedad en verano. Es el tiempo de las sacaciones, como se dice aquí, es decir, el período en que los vientos Alisios cargados de humedad actúan con mayor frecuencia en las Islas. Es raro un día de verano en que la barra, esa imponente masa de nubes que aparece cubriendo las cumbres anagueras, no se haga presente.

Esto favorece que, aún en tiempos de calor agobiante, dentro del Monteverde se conserve un ambiente fresco e, incluso, corran algunos barranquillos.

El verano, aunque en ocasiones traiga desgracias en forma de sequías prolongadas, es también un período festivo para las gentes de Anaga. En estos meses se llevan a cabo casi todas las fiestas importantes de los pueblos del macizo, como son las fiestas de la Virgen del Carmen en San Andrés, las de San Pedro en Igueste, las de la Virgen de Las Nieves en Taganana o las de San Juanito en todos los núcleos costeros.

La foto muestra la Montaña Tafada con las tonalidades típicas de la época estival. Fue tomada el 3 de agosto de 2007.

1 de mayo de 2009

Foto del Mes: "La tierra de los mil roques"

El macizo de Anaga presenta en su orografía una muestra innumerable de formaciones geológicas singulares que no dejan a ningún visitante indiferente, son los conocidos popularmente como roques.

En el español general no aparece el término roque con el significado que se le da en Canarias, recogiendo el Diccionario de la Real Academia Española sólo las acepciones: 1. Torre del ajedrez; 2. Carro de dos ruedas con lanza o varas; y 3. Quedarse dormido. En las islas se añade la definición de «peñasco que se levanta en la tierra o en el mar». Según Marcial Morera Pérez en su Diccionario histórico-etimológico del habla canaria, nuestro roque deriva del francés rocce, introducido en las islas por los normandos acompañantes del conquistador Jean de Bethencourt, o por marineros posteriores. Hay que destacar que cuando se encuentran en la mar se les denomina únicamente roque a aquellos que siempre tienen partes fuera del agua, reservándose para los que con la marea llena quedan sumergidos la voz baja.

Debido a la antigüedad y al desgaste erosivo que ha sufrido el macizo de Anaga, este territorio muestra una infinidad de estas formaciones rocosas desde las cumbres más altas hasta las costas. Existen roques con leyendas asociadas como el de las Ánimas en Taganana; algunos son auténticos símbolos de un pueblo como los de Taborno, Roque Negro o el Roque de las Bodegas; otros son muy famosos desde tiempos antiguos Roques de Anaga, símbolos a su vez de todo el macizo, el Roque Bermejo,…. Por otro lado, muchos de los roques anagueros conservan aún hoy el nombre que les dieran los primeros pobladores del macizo, los guanches, conservándose los topónimos en el saber popular: Aguacada, Anambro, Chiguel, Chamaso, Anjua, etc.

Como se puede ver, los roques forman una parte importante del paisaje y de la cultura popular anaguera.

En la fotografía, tomada desde el Lomo de Almáciga el 5 de enero de 2009, podemos ver una panorámica que nos muestra una sucesión en diferentes planos de muchos roques anagueros: de izquierda a derecha Roque de Enmedio, Roque del Tablero, Roque de las Ánimas y, en la misma línea, el Roque Taborno y el Roque Marrubial.

1 de abril de 2009

Foto del Mes: "Huellas del pasado"


Uno de los valores que hacen de Anaga una tierra tan rica es su pasado más remoto, atestiguado en la actualidad por los restos arqueológicos que nuestros antepasados nos legaron.

En los valles y barrancos del macizo se han encontrado numerosas cuevas de habitación, muchas de las cuales fueron reutilizadas tras la conquista, necrópolis y cuevas sepulcrales, así como restos de sus ceremonias religiosas como algunos grabados y cazoletas. No obstante, más de la mitad de esta herencia arqueológica se ignora aún hoy, pues fueron por fortuna celosamente guardados por los descendientes directos para preservarlos de los saqueos y destrozos.

Además de este legado físico, los guanches de Anaga nos dejaron los nombres que ellos dieron primero a las montañas, roques, playas, fuentes, etc.; un legado que no debemos perder.

La foto, que muestra el Penico de Valle Marcos en San Andrés, referente mágico-religioso para los antiguos anagueros, fue tomada el 29 de noviembre de 2008.